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4. Nuevas concepciones teóricas que confirman (de forma demoledora) parte de los hallazgos serendipituosos:
Hay otras causas más directamente responsables de este declive. La primera es que se ha comprendido que el lenguaje (sí, el lenguaje, no la lengua ni el idioma) no es un dispositivo originariamente comunicativo, sino, más bien, informativo, tal y como he apuntado en mi definición de arriba.
En efecto, el lenguaje es el sistema que convierte los aspectos del mundo que nos rodea en representaciones mentales manejables, con el fin de que nos sea más fácil utilizar esta información (pensándola) y podamos movernos en nuestro entorno con suficiente confianza. Para demostrar lo extendido de tal aseveración en la actualidad, utilizaré las palabras de cuatro investigadores cuyos marcos teóricos no son equivalentes.
Dan Sperber y Deirdre Wilson, autores cuya teoría me parece en este momento bastante plausible, afirman, por ejemplo:
Con frecuencia, lenguaje y comunicación se consideran como dos caras de una misma moneda. Desde este punto de vista, el rasgo esencial del lenguaje es que se utiliza en la comunicación, y el rasgo esencial de la comunicación es que implica la utilización de un lenguaje o código. Se piensa en la relación entre lenguaje y comunicación como en la relación que existe entre el corazón y la circulación de la sangre: no es posible describir adecuadamente uno de los dos sin referirse también al otro. En el capítulo 1 hemos afirmado que se puede alcanzar la comunicación sin utilizar un código; en el capítulo 3 hemos mostrado cómo. En esta sección queremos completar el divorcio entre lenguaje y comunicación mostrando que pueden existir y existen lenguajes, en un sentido razonablemente amplio del término, que no son utilizados para la comunicación. Los lenguajes no son indispensables para la comunicación, sino para el procesamiento de información: ésta es su función esencial. (Sperber & Wilson, 1986, traducción en Visor 1994: 215. El subrayado es mío (12)) .
Por otra parte, Steven Pinker, al distinguir claramente entre "pensamiento" e "idioma"(que el traductor español denomina "lengua"), nos habla del lenguaje mental (o mentalés) en los siguientes términos:
Las personas no piensan en inglés, español, chino o apache, sino en un lenguaje del pensamiento. (...) [Este] mentalés tiene que ser más rico en algunos aspectos y más sencillo en otros. Tiene que ser más rico en cuanto que ciertos símbolos de conceptos sólo se corresponden con una palabra (...). También debe disponer de un aparato más complejo para poder diferenciar lógicamente diversas clases de conceptos (...) y para relacionar símbolos distintos que se refieran a la misma cosa (...). Pero por otra parte, el mentalés ha de ser más sencillo que las lenguas [¡¡los idiomas!!] naturales, ya que en él no existen palabras y construcciones dependientes del contexto (...) y además no precisa de información acerca de cómo se pronuncian las palabras o de cómo se ordenan. Bien pudiera ser que los hablantes del español piensen en una variante simplificada y glosada del español con un diseño como el que acabo de describir, y que los hablantes del apache lo hagan en un cuasiapache simplificado y glosado. Sin embargo, para que estos lenguajes del pensamiento pudieran emplearse para razonar, tendrían que parecerse mucho más entre sí de lo que cada uno se parece a su correspondiente versión hablada. Y lo más probable es que tuvieran que ser idénticos, lo que equivale a decir un idioma mentalés universal (Pinker, 1994. Traducción española en Alianza Editorial: 85)(13).
Aunque no tan claramente expuesto como en la cita anterior, la idea es la misma: el lenguaje mental, o mentalés, es un sistema en el que recogemos información y la manipulamos para nuestro propio beneficio. Es decir, realizamos un procesamiento privado individual que conocemos como pensamiento. No hay ningún tipo de comunicación en marcha.
Por último, Willem Levelt, al intentar caracterizar los modos de representar el conocimiento en la mente de los humanos (por tanto, antes de que se instaure la comunicación) nos dice:
Los modos más estudiados son el espacial y el proposicional. Podemos saber (o recordar o construir) estados del mundo como imágenes espaciales. Este es probablemente el modo principal de representar escenas como nuestro despacho, la calle o la ciudad. (...) También podemos representar estados del mundo en forma proposicional, como conjuntos de relaciones que existen entre distintos conceptos. (...)
En principio es posible de pasar de un modo de representación a otro. (...) Si la intención es la de hablar [es decir, la de comunicar], el [modo] tiene que ser de naturaleza proposicional. El mensaje preverbal es una reprsentación semántica que se refiere a un estado del mundo. Este estado puede estar en cualquier modo de pensamiento, pero el menaje tiene que estar en forma proposicional. (Levelt, 1993: 73. La traducción es mía)(14) .
A la vista de esta nueva (y más acertada) manera de considerar el lenguaje, podemos llegar a una conclusión que bautizaré con el nombre de,
PRIMERA CONCLUSIÓN DEMOLEDORA:
Dado que todos los seres humanos normales poseen este dispositivo de captación de información por el hecho de pertenecer a la misma especie, no hace falta enseñárselo a nadie, ni comunicando ni sin comunicar. |
No obstante, y como es bien sabido, empleamos idiomas para facilitar la comunicación entre nosotros. Aquí tenemos que volver a mis definiciones de lo que es lengua y de lo que son los idiomas con algo más de detalle.
Para empezar hemos de tener claro que el proceso comunicativo es el que convierte expresiones del mentalés (que son individuales y, por tanto no visibles para las demás personas) en representaciones públicamente observables por los demás. ¿Cómo? Relacionando esas expresiones con comportamientos u otras marcas que resulten de dichos comportamientos. Es decir, para comunicar, por ejemplo, la expresión del mentalés [TENGO HAMBRE], podríamos comportarnos de una determinada manera, haciendo gestos (más o menos icónicos), realizando vocalizaciones en un idioma (que creemos) compartido o inscribiendo marcas en alguna superficie mutuamente visible.
Los comportamientos icónicos no son exclusivos de nuestra especie. Los que tenemos relaciones con ciertos animales de compañía sabemos que éstos los emplean a menudo, en sus comunicaciones con nosotros.
Un problema interesante es averiguar en qué momento un determinado icono que hay que derivar realizando operaciones inferenciales se convierte en un símbolo codificado. O viceversa: en qué momento, operaciones de descodificación cableadas innatamente en las especies se liberan de ese automatismo y permiten que las empleemos en operaciones inferenciales. Existe una gran polémica (15)
) en este punto que no podemos ni soñar con solucionar aquí.
Por ahora, el modelo mentalista (me) ofrece una hipótesis de trabajo con suficiente enjundia como para tenerla en cuenta. Voy a suponer que la evolución de nuestra especie ha creado una trama muy constreñida a través de la que ciertos datos se organizan en estructuras explícitas. Esta trama, o dispositivo de adquisición lingüística, resuelve el llamado "problema de Platón" (16): ¿Cómo es posible que con la pobreza y falta de estructuración de los datos verbales que percibe el bebé a su alrededor es, sin embargo, capaz de crear sistemas lingüísticos tan perfectamente estructurados y de tal riqueza combinatoria?
He llamado lengua a este dispositivo, porque, después de los trabajos de Chomsky y sus asociados, podemos caracterizarlo como un conjunto de reglas o procedimientos que constituyen la llamada Gramática Universal que fundamenta todos los idiomas humanos conocidos.
Llegamos una vez más a otra conclusión semejante a la anterior que, por tanto, llamaremos,
SEGUNDA CONCLUSIÓN DEMOLEDORA:
En el modelo chomskyano, este dispositivo (el de la lengua) es innato por definición y, por tanto, no hace falta enseñárselo a nadie, ni comunicando, ni sin comunicar
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¡Pues estamos arreglados!
Tenemos ya dos conceptos fuera del juego metodológico de la enseñanza: ni el lenguaje, ni la lengua son enseñables ni comunicativamente ni de ninguna otra manera. Ahora hemos de centrarnos en el concepto de idioma, a ver si hay manera de salvar alguna idea comunicativista de la quema.
12.- Language and communication are often seen as two sides of a single coin. On this view, the essential feature of language is that it is used in communication, and the essential feature of communication is that it involves the use of a language or code. The relation between language and communication is thought of as like the relation between the heart and the circulation of the blood: neither is properly describable without reference to the other. In chapter 1, we argued that communication can be achieved Without the use of a code; in chapter 3, we showed how. In this section, we want to complete the divorce between language and communication by showing that languages, in a reasonably broad sense of the term, can and do exist without being used for communication. Languages are indispensable not for communication, but for information processing; this is their essential function.
13.- People do not think in English or Chinese or Apache; they think in a language of thought. (...) This (...) mentalese must be richer in some ways and simpler in others. It must be richer, for example, in that several concept symbols must correspond to a given word (...). There must be extra paraphernalia that differentiate logically distinct kinds of concepts (...). On the other hand, mentalese must be simpler than spoken languages; conversation-specific words and constructions are absent, and information about pronouncing words, or even ordering them, is unnecessary. Now, it could be that English speakers think in some kind of simplified and annotated quasi-English, with the design I have just describes, and that Apache speakers think in a simplified and annotated quasi-Apache. But to get these languages of thought to subserve reasoning properly, they would have to look much more like each other than either one does to its spoken counterpart, and it is likely that they are the same: a universal mentalese
14.- The two most studied modes are spatial and propositional representations. One can know (or remember, or construe) a state of affairs as a spatial image. This is probably the main mode of representing scenes such as one's office, house, street, and town. (...). One can also represent states of affairs in propositional form, as sets of relations holding between concepts. (...) It is, to some extent, possible to go from one mode of representation to the other. (...)
An excellent analogy to the independence of the levels(...) is the relation of hardware to software in a computer(...).
(...) it isn't necessary for a programmer to learn circuit design. Neither is it necessary for a hardware technician to learn programming. The two sets of patterns are independent. Except for a memory map and a tiny isthmus of information called the 'Machine Language Instruction Repertoire' - a list so small you could write it on a single page - the electronic circuits and the programs existing in the same computer at the same time have nothing whatsoever to do with each other.
15.- Suscintamente, las corrientes que provienen de Aristóteles (Skinner, Piaget, etc.) conciben la mente como un todo indiferenciado en donde funcionan unos principios generales que nos hacen adquirir conocimientos a lo largo de nuestra vida. Para ellos, por tanto, el nacimiento de los códigos lingüísticos proviene de reglas inferenciales cognitivas. Las corrientes que se reclama de Platón (la de Chomsky lo hace), en cambio, mantiene que esa uniformidad no está probada empíricamente, sino todo lo contrario (p.ej., la investigación de Livingstone y de Hubel (1988) sobre la percepción visual en los mamíferos). En este caso, las codificaciones están de alguna manera pre-programadas en las mentes y sólo han de ser puestas al día, como explico seguidamente.
16.- Ver, por ejemplo, Chomsky (1992).
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